Exponerse siempre es peligroso; acceder de forma voluntaria a colocarse en una situación de vulnerabilidad conlleva riesgos, aunque también puede otorgar un contexto para enfrentarse a miedos o ansiedades. De cualquier modo, el pasado 2 de diciembre presenté públicamente Los Oportunistas en la Biblioteca Municipal Miguel Delibes, mi debut como novelista, rodeado de amigos y familiares. Hubo caras nuevas entre los asistentes, pero la mayoría eran personas cercanas que hicieron un hueco en sus apretadas agendas para mostrarme su apoyo y cariño. Estoy inmensamente agradecido a todos y cada uno de ellos; no se imaginan lo especial que fue para mí que estuviesen allí, compartiendo un momento tan importante. Igualmente, estoy entusiasmado de haber podido hacerlo en la biblioteca de mi barrio y del buen trato que recibí tanto de Sergio como del resto del personal de sala.
Si me pregunta, le diré que fue un rotundo éxito. La puesta en marcha se desarrolló mil veces mejor que en los ensayos. Salí acompañado del pedazo de artista que es William Moody, mi escudero aquella tarde, que ejerció de maestro de ceremonias: condujo las preguntas, dinamizó la charla y tocó la guitarra en las breves lecturas escogidas para la ocasión. Con él al lado, uno empieza con mucha ventaja.
Durante la sesión surgieron muchas preguntas interesantes, pero las que quiero señalar aquí son las relacionadas con la exposición y su propósito. ¿Por qué lo hacemos? Más aún, ¿por qué lo he hecho yo? Podría volver a decir “porque me da la gana” —que no iría del todo desencaminado—, pero quiero profundizar una pizca más. El objetivo no era vender más libros de forma directa ni presentarme al mundo como escritor. Ambas ideas ocupan un enorme espacio en mi mente, pero no fueron el combustible para organizar la presentación. Realmente —y siendo muy sincero conmigo mismo—, realizar esta ponencia con los míos era la última etapa de un camino largo y precioso. Quería darle a Los Oportunistas la celebración que se merece, desde que concebí la idea, escribí las primeras páginas, hice los primeros borradores, hasta ver los primeros ejemplares impresos. Hacerlo no solo suponía poner la guinda del pastel, sino demostrarme que confiaba lo suficiente en mí y en mi obra como para presentarme delante y defenderla.
Cuentan que los atletas de élite, e incluso los astronautas, visualizan previamente con todo lujo de detalles cada aspecto de la competición o la misión, con la intención de naturalizarlas y sentirse más cómodos cuando llega el momento real de enfrentarse a ellas. No diré que fue un recurso que usé durante las semanas previas para prepararme; lo que sí puedo afirmar es que, durante la exposición, tuve un momento de claridad y recordé que ya había estado allí, sintiendo lo mismo que estaba sintiendo: con mi libro en las manos y rodeado de gente escuchándome. Ya había estado allí muchos años atrás, una noche, con los ojos cerrados y sentado en una silla, creando el instante en el que por fin creía que era posible ser escritor.
Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
👉 Capítulo 1 gratuito en alejandroalvarezvillalon.com

2 Responses
Me encantó la presentación, la disfruté, me emocioné y me sentí la persona más afortunada de la tierra por teneros, a ti y a tu hermano.
Enhorabuena!!!!
Maravilloso, simplemente maravilloso.