Estos días nos han dejado dos figuras nacionales de la música y la cultura popular: Jorge Martínez (Jorge Ilegal) y Robe Iniesta. Dos hostias bien gordas que han terminado de complicar una semana provista de suficiente tensión ya de por sí sola. Conmemorando a estos pedazos de artistas he vuelto a escuchar con anhelo sus canciones y, al hacerlo, me han venido a la memoria frases contundentes de sus entrevistas y apariciones. Ambos tenían un atractivo innato por su honestidad y desparpajo; no dudaban en mostrar su insolencia ante cualquier capullo o injusticia que tuviesen delante, sin buscar el aplauso ni el reconocimiento que tantos otros mendigan con semejantes actos. Me río al recordar la facilidad con la que llamaban gilipollas a todo quisqui, y lo mucho que me han entrado ganas de hacerlo durante estos días.

No voy a entrar en detalles: el estrés lo ha provocado la suma de ineptos, la cadena de gritos y las fechas límite por cumplir. Nada nuevo en el oficio, pero que, sin embargo, empieza a convertirse en una tónica habitual del día a día. Jorge Ilegal afirmaba que el ser humano no había venido a ser feliz, sino a estar en alerta, de ahí que el estrés sea una parte fundamental de nuestras vidas. De todas maneras, está más que demostrado que mantener altos niveles de ansiedad acaba por llevarte al hoyo antes de tiempo. Por tanto, la clave estará en cómo lo llevamos y en cómo respondemos a las reacciones emocionales que intentan salvarnos de posibles amenazas.

Llevo una temporadita —unos cuantos años— en la que mi respuesta ante el estrés es: más estrés. Muy inteligente por mi parte, o debería serlo, ya que coincide con la época en la que dejé atrás la inmadurez juvenil para abrazar al adulto responsable. “Qué error más garrafal”, digo ahora con perspectiva y sorbiendo el café con el meñique levantado. Tal vez volver a tatuarme varias veces en un breve periodo de tiempo, y reflexionar sobre estos rollos, sea un indicador de que me estoy hartando de tanta madurez.

Acudiendo en estos momentos a la música de Extremoduro e Ilegales, me acuerdo del espíritu rebelde que siempre me ha acompañado. Debería mostrar más esa postura insurgente cuando la marea llena de mierda sacuda mis puertas. Dar un paso atrás, observar el foco de estrés con atrevimiento y, mientras me arremango las mangas imaginarias, decirme: “Estoy bien, ¡qué cojones!”.

Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
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