No tengo la pinta de escritor atormentado. Pero tengo la poca vergüenza como para inventarme unos cuantos.
No desayuno en cafés bohemios, ni miro al vacío pensando en la musa y deseando atraer las miradas de mujeres despampanantes.
Miro a la gente.
Imagino sus personalidades, lo que esconden, lo que desean. Aunque, la mayoría de las veces, sus vidas son mucho más atractivas que mis relatos improvisados.
A menudo mienten por miedo.
Se equivocan.
Algunos sueñan con arreglar un mundo que ya está roto y perfectamente ordenado. Otros son amantes dispuestos a apostarlo todo a un solo color.
De ahí, quizá, salen mis historias.
De lo que me parece más interesante: cuando un personaje comienza andar en un mundo que no le pertenece, pero que con torpeza, inconsciencia y ambición se abre paso de una forma extraordinaria.
Escribo sobre gente corriente que mete la pata, que quiere demasiado, que paga el precio… y que vive las historias más heroicas y memorables.
No busco héroes.
Busco personas auténticas.
Y si puedo hacer que te rías por el camino, mejor.
Me llamo Alejandro Álvarez Villalón, y me lo paso bien escribiendo sobre los que casi nadie pone el ojo.

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