Recuerdo el día en que pensé que la novela que tenía entre manos, Los Oportunistas, debía publicarla. Me hice la misma pregunta que cuando planifiqué mi primera sesión de fotos:

¿Qué quiero demostrar?

Porque normalmente intento no caer en mis propios engaños y aceptar los miedos e inseguridades que me componen. Entiendo la búsqueda de aprobación de los demás y la exagerada importancia que pueda darle. También la angustia que me genera el posible rechazo que suscite tanto mi persona como mi obra. Son cosas innatas a la humanidad, pero lo que nos diferencia unos de otros es el grado en que nos condicionan para tomar acción. Y no solo eso, también el motivo de llevarla a cabo.

Por esa razón me surgió la misma pregunta en ambas situaciones, y no podía esconderme ni de ella ni de la solución que me naciese. La respuesta fue análoga: lo que me da la gana.

Un poco simple, ¿no cree usted? Eso me pareció a mí. Entonces hurgué lo suficiente como para comprender que esa brillante simpleza era el resultado de un conflicto interno donde salieron perdiendo el miedo a la aversión y la inseguridad de pedir aceptación.

“Lo que me da la gana” es la forma chulesca —por mi condición de madrileño— de decirme que puedo compartir lo que me hace disfrutar sin tanto psicoanálisis, que, por otro lado, concluiría que lo que intento demostrar es que ellos —tanto el miedo como la inseguridad— no me van a dominar.

Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
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