La gente que vive gratis en tu cabeza

Resulta aterrador ser plenamente consciente de todo. Quizá para una persona controladora pueda parecer una bendición, pero estoy convencido de que hasta los más neuróticos tienen un límite. Llegué a esta conclusión después de realizar un sencillo cálculo que despejaba la incógnita de cuántas horas pasaba rodeado de personas que no me caían bien. Como empecé diciendo, el resultado fue espeluznante. La balanza claramente se inclinaba hacia este grupo de personas en vez de hacia mis seres queridos o amigos. Vaya por Dios, con lo bien que se vive en la ignorancia.

Uno podría preguntarse qué me llevó a realizar tal descubrimiento. Bueno, como en la mayoría de las ocasiones, fue el último eslabón de una cadena interconectada de sucesos. En este caso, una charla en la oficina, de la que ni siquiera fui partícipe. Desde hace algún tiempo, en presencia de uno o dos individuos opto por guardar silencio. Una medida para curarme en salud, no exenta de desafíos. Aquel día, en el office donde comemos, discutían sobre el reciente desahucio de Maricarmen. Uno se mostraba claramente indignado y otro defendía la legalidad del mismo. No fue llamativo identificar que quien ponía al capital por encima de la dignidad y la moral era uno de los que no soporto.

Hay personas que cobran alquiler sin vivir en nuestra casa; ocupan nuestros pensamientos, nuestros enfados, y ni lo saben. Todos conocemos a alguien así, capaz de convertir cualquier conversación en un monólogo sobre sí mismo y de lograr que una habitación parezca más pequeña. Ese día, mientras aceptaba el resultado de mis cálculos, comenzaron los primeros golpes y gritos guturales que el individuo en cuestión, desde su propia mesa y al compás de la música metal que escuchaba, nos regala cada mañana para desgracia del resto. Entonces tuve una revelación tan simple como incómoda: aquel hombre ocupaba más espacio en mi vida del que merecía.

Empoderarse no consiste en aprender a convivir con todos, sino en aprender a distinguir quién merece un lugar en nuestro mundo. Hay personas que nos hacen mejores, más curiosos, más generosos o más felices. Y otras que nos convierten en versiones más irritables de nosotros mismos. Por eso el cálculo me resultó tan perturbador. No porque revelara cuántas horas paso trabajando ni cuánto tiempo dedico a dormir. Lo verdaderamente inquietante fue descubrir cuántas horas estaba regalando a personas que jamás habría invitado a compartir una cena. Comprendí que no siempre puedo elegir con quién trabajar, con quién coincidir o con quién cruzarme, pero sí puedo elegir quién ocupa mis pensamientos. Nuestro mundo, al final, es una cuestión de espacio. Espacio en la agenda, espacio en la cabeza y espacio en el corazón. Y la vida es demasiado corta para ceder cualquiera de ellos a quien no lo merece. O, dicho de forma menos elegante, pero seguramente más precisa: la vida es demasiado corta como para bailar con gilipollas.

Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
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1 comentario en “La gente que vive gratis en tu cabeza”

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