Todos los derechos Universal Pictures, Syncopy Films

Me llama la atención el estupor que ha despertado en muchos la adaptación de La Odisea de Christopher Nolan. El enfado que ha provocado ha desembocado en burlas hacia un producto que, desde mi punto de vista, ha cumplido con creces lo que pretendía y podía hacer su autor.

Nadie sabe con seguridad si llegó a existir un tal Homero ni si las obras que se le atribuyen fueron concebidas por una sola persona. Pero, si partimos de las composiciones literarias homéricas, ¿quién nos dice cuántas reinterpretaciones habrían sufrido desde que comenzaron a transmitirse oralmente hasta que fueron consignadas por escrito? Deberíamos recordar que cada adaptación que realiza un poeta de un mito es un reflejo de la situación que impera en su tiempo, y la de Nolan no podría ser menos.

Puedo entender que los conflictos y los personajes del poema sean mucho más complejos que los de la película. La pregunta central de la obra cambia por completo al simplificar muchas de las motivaciones y escenas que conforman el viaje de Odiseo. Sin embargo, ¿no estamos viviendo una época más simplista?

Los seres humanos siempre hemos necesitado explicarlo todo, incluso cuando no podíamos. Una vez alcanzado el límite de nuestra comprensión, los mitos resolvían lo desconocido mediante la imaginación. Hoy, sumergidos todavía en un océano de ignorancia, nos creemos capaces de abarcarlo todo. Utilizamos la ciencia y la razón para convertirnos en materialistas. De ahí que la sociedad en la que vivimos haya dejado de ser religiosa para convertirse en económica, y que los dioses hayan acabado perdiendo todo su protagonismo en la película de Nolan.

En realidad, no es ni bueno ni malo, sino un destello de lo que estamos viviendo. Los relatos que nos contamos para justificarnos han cambiado la magia por los números. Los cuentos religiosos que servían para legitimar reclamos de tierra y poder se han transformado en informes financieros. Nos movemos de un extremo a otro, condenándonos a un eterno balanceo del péndulo. Una y otra vez seguimos sin trascender la guerra como única solución a los problemas del mundo. Este es el mensaje con el que ha querido quedarse Nolan.

El Odiseo interpretado por Matt Damon carece de dilemas morales para convertirlos en conflictos psicológicos. No tiene que debatirse entre sucumbir al placer, al poder o a la inmortalidad, y rechazarlo todo conscientemente para regresar a Ítaca. En cambio, debe sanar un trauma bélico, atravesando un camino de perdón para reconocer que no hay exilio que le libre de enfrentarse al dolor. Los dioses no han sido los responsables de alargar su viaje de regreso; ha sido él mismo, al no considerarse digno ni merecedor de su propio hogar. Y, a mi parecer, se trata de una declaración completamente contemporánea.

Se le podrán hacer todo tipo de críticas a la cinta: el escaso parecido de las imágenes con las estampas mediterráneas, el caprichoso formato en el que se ha rodado —visible solo en unos pocos cines del mundo— o un Odiseo más parecido a un cowboy que a un héroe griego. Sin embargo, la reformulación del poema funciona excelentemente. La narrativa acompaña de forma brillante al mensaje que Nolan ha extraído y quiere compartir con su Odisea. La culpa heredada de una cultura judeocristiana solo puede eliminarse si se afronta de cara, aceptándola sin crear fantasías con monstruos o deidades sobrenaturales que la camuflen. Así, asumiendo responsabilidades y mirando el problema de frente, será la única manera de evitar que vuelva a suceder.

Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
👉 Capítulo 1 gratuito en alejandroalvarezvillalon.com

One response

  1. Me parece una maravillosa reflexión. La culpa!!! Cuánto daño ha causado y sigue causando en muchas personas.
    Cierto! Hay que afrontarla, mirarle a los ojos y decirle: hasta aquí!!!! Se terminó!!!!. Quizás así logremos retomar una relación sana y consciente con nosotros mismos y como resultado, también con los demás.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *