Hace un tiempo estuve a punto de dejar esta columna. Lo cierto es que no fue por una gran crisis existencial, ni porque me faltaran temas o me quedara sin tiempo. Fue por otro motivo. Y durante semanas estuve convencido de que tenía razón. Luego ocurrió algo. Y aquí seguimos, todos los viernes, desde hace casi un año.
Al escribir estas líneas me resulta imposible sacar de mi cabeza la canción del maestro Javier Krahe, Navalagamella: «Así, hasta que un día / Se fue la calor / Su cuerpo se enfría / Se enfría su amor / Septiembre es traidor». Esta semana hemos empezado el mes favorito de los que hacen planes —con permiso de enero—. Los gimnasios se llenan, las agendas se estrenan, las libretas empiezan limpias y todo el mundo habla de lo que va a comenzar. Yo llevo varios días pensando en algo distinto: en todas las cosas que la gente abandona. Porque casi todo acaba así. Se abandonan las dietas, los proyectos, las amistades, las promesas e incluso una forma de mirar el mundo. Y durante unas semanas pensé que esta columna iba a acabar igual.
Escribir una columna semanal para ningún periódico o medio digital puede parecer algo absurdo. No hay jefes, no hay obligación, no hay castigo y no hay nadie que llame a tu puerta si fallas. Por eso precisamente es difícil. Abres las estadísticas, ves pocas visitas, piensas si merece la pena y cierras el documento. Tiene que haber algo más para persistir. Empeñarse en seguir o empeñarse en abandonar, al final, se reduce a eso.
Un viernes cualquiera recibí un mensaje. No era muy largo ni especialmente brillante. De hecho, no recuerdo las palabras exactas, tan solo la sensación que me dejó. Alguien me decía que esperaba el viernes para leer la columna. No puedo describir el impacto emocional que tuvo en mí, pero lo más parecido sería definirlo como un buen trago de vino tras un largo periodo bajo el sol abrasador.
Aquella alegría inesperada me hizo pensar. Hay gente que espera cosas muy importantes y hay gente que espera una página. Una reflexión escrita por un desconocido cada semana, sin hacer ruido y sin prometer cambiarle la vida a nadie. Solo una página. Así que seguí. Y aquí sigo todos los viernes. No porque tenga algo importante que decir, sino porque todavía hay preguntas que me interesa perseguir, ideas que compartir y, algunas semanas, encuentro la forma de escupirlas sobre estas líneas. Otras no, pero sigo buscándolas. Y quizá esa sea la única diferencia entre quien abandona y quien continúa: que uno deja de buscar y el otro aparece el viernes siguiente.
Así que busquen sus propósitos para este nuevo curso. Y si la vida no les permite cumplirlos, no se preocupen. A la vuelta de la esquina nos espera enero y, mientras tanto, por aquí podrán encontrar una voz que no les abandonará.
Por cierto, hay una historia sobre el motivo real por el que empecé esta columna. No la he contado hoy. La contaré otro viernes.
Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
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One response
👏👏👏👏👏 yo también espero cada viernes para leerte. No te rindas!!!!
Había un cómico en la única televisión de la época, (creo que en la década de los 70) que siempre acababa sus actuaciones con la misma frase: «Yo sigo» y me parece una frase cargada de intenciones: no abandono, pase lo que pase yo voy a seguir persiguiendo mi propósito. En mi generación a eso se le llamaba perseverancia. Creo que es una gran herramienta de vida.
Persevera por favor!!!