No fue nada sorprendente que, en el pasado evento AEMETIC AI Summit de Madrid, celebrado en las oficinas del Banco Santander, chocaran los discursos de las grandes compañías tecnológicas con los de los expertos. Mientras que los representantes de Google o Microsoft aseguraban que la IA no iba a reemplazar al humano, profesionales del sector confirmaban que ese era, precisamente, el gran objetivo. Detrás de esta pretensión está lo que personajes tan renombrados como Elon Musk defienden: la renta básica universal.
Lo que, a primera vista, podría parecer una solución humanista, estoy convencido de que traerá grandes riesgos para la libertad y el equilibrio social. «El sueño americano ha muerto», han dicho en algún momento figuras tan enfrentadas como Donald Trump y Noam Chomsky. Y puede que, irónicamente, ambos acaben teniendo razón. El pegamento cultural del capitalismo estadounidense se basa en la idea de que cualquier persona, sin importar su origen, puede escalar socialmente mediante el trabajo duro y la inversión. Y ese es el concepto que más riesgo corre de desaparecer.
Una renta básica fija tiende a anclar a las personas a un nivel de consumo mínimo, al mismo tiempo que los precios siguen subiendo. Se configuraría un sistema en el que unos pocos controlarían los medios de producción automatizados y una inmensa mayoría dependería de subsidios. En definitiva: una élite tecnocrática y empresarial, propietaria de la IA, los datos y la infraestructura digital, manejando a una masa global de subordinados. Adiós a la clase media —si es que no ha desaparecido ya—.
Soy consciente de la cara B, o la cara “bonita”, que también tendría el salario universal. Eliminada la necesidad de ocupar un empleo remunerado para subsistir, ese tiempo podría dedicarse al ocio, a fortalecer lazos familiares o sociales, a aprender nuevas habilidades o a un sinfín de actividades distintas. Una utopía en toda regla. No dudo de que habría personas que aprovecharían la oportunidad; sin embargo, la mayoría acabaría sucumbiendo a un programa de entretenimiento ininterrumpido: contenidos personalizados pero vacíos, creados por los mismos que eliminaron los trabajos, con la única intención de mantener a la sociedad dócil en el sofá. Domesticado equivale a controlado.
Y eso sin contar que existen multitud de casos en los que el trabajo ocupa un lugar fundamental desde una perspectiva psicológica. A través de él, muchas personas encuentran su autorrealización. Si les quitas eso, su propósito se desvanece. Una vida sin metas es una vida sin sentido, y son los de este grupo los que acaban por quitarse del medio o adhiriéndose a grupos extremistas, ya sean religiosos o políticos.
Las transiciones casi siempre suceden por obligación. Son forzadas para poder adaptarse a una nueva realidad. Rara vez la sociedad asume un cambio si este no es inevitable. Por eso suelen ser momentos atropellados, en los que parece que no hay espacio para el análisis. Pese a que muchas voces afirman que ya estamos plenamente inmersos y que vamos tarde en la evolución tecnológica, aún hay margen para explorar distintas formas de alinearse con esta transformación.
Otorguémosle el peso que merece a la educación, porque si finalmente no hay otra forma de ajustarse a los nuevos tiempos, que nos pille con la cabeza amueblada y lista para afrontar la realidad. Calibremos bien las opciones que nos ofrezcan, sobre todo las que provengan de los oligarcas tecnológicos, porque cuando nos hablen de libertad, será solo para quitárnosla. No vaya a ser que, en la carrera por ser mejores, perdamos lo que nos hace únicos.
Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
👉 Capítulo 1 gratuito en alejandroalvarezvillalon.com

2 Responses
Joder, aquí esta la verdad. Necesito segunda parte de esta reflexión! Crees que el momento que se avecina es un buen momento para el resurgir del Rock N Roll? Volver a cagarse en ellos, a través de una rebeldía más madura?(No adolescente)
Buff!!! me has dejado un buen nudo en el estómago!.
No me gusta nada lo que se avecina, no creo en los subsidios generalizados, me asusta el futuro que presentas aunque es muy ajustada la reflexión que haces.
Espero que aún estemos a tiempo de dar un nuevo rumbo a esa nueva realidad que vaticinas.