Frotar, enjuagar y repetir. ¿En qué momento la vida se ha convertido en un círculo vicioso? Cuando la pregunta aparece, uno tiene la sensación de llegar tarde.
Existen mecanismos para romper el bucle, como los días de descanso semanal o los periodos vacacionales. Pero, cuando esto falla, el cuerpo pone su propio freno. La enfermedad suele ser la última casilla de una cadena de acontecimientos perjudiciales que se retroalimentan mutuamente.
Escribir estas líneas en un momento en el que he perdido la voz me resulta, como poco, divertido. En un principio, todo parecía indicar que se trataba de un simple enfriamiento provocado por una exposición excesiva al aire acondicionado. Sin embargo, el largo proceso de recuperación, sumado a la desaparición de cualquier sonido procedente de mi garganta, me hizo comprender que era algo más. Menuda faena. Justo en la etapa en la que más cosas quiero hacer, voy y me boicoteo. O eso pensaba yo.
El sábado pasado acudí al festival madrileño Mad Cool para volver a ver al artista que mejor actuación en directo me ha regalado hasta la fecha. No defraudó. Superó mis expectativas en muchos aspectos. Nick Cave salió al escenario como un pastor poderoso, con la misión de iluminar a las masas de fieles que nos agrupábamos frente a él. Para aquel encuentro yo ya no tenía voz, pero la de Cave, entre cántico y plegaria, expresó todo lo que tenía que decir, incluso aquello que desconocía.
Durante la interpretación de la canción Joy, cuando la música se detuvo y comenzó a suplicar los desgarradores versos: «Ten piedad de mí, por favor. Por alegría, por alegría, por alegría. Todo por alegría», ocurrió la conexión. Sin previo aviso, estallé en un llanto desolador, como si alguien hubiese pulsado el botón exacto para desahogarme emocionalmente.
No estaba roto. Estaba conectado.
Me había unido a algo superior. Ya fuera al arte o a la belleza, la intensidad resultaba sobrecogedora. Nick te destroza física y emocionalmente, pero te devuelve una fortaleza mental casi divina.
Desconozco qué me afectó de aquella manera y qué conflicto me ha arrebatado la potestad de hablar. Sin embargo, tengo muy claro que ha llegado en el momento adecuado. Con las vacaciones muy próximas —y aunque ahora parezca difícil— me comprometo a encontrar espacios para la introspección. Espacios vacíos, sin distracciones, pasatiempos ni metas que cumplir.
Y si en ese silencio aterrador encuentro el dolor, y consigue postrarme de rodillas, imploraré piedad. Por alegría. Todo por alegría.
Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
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Me ha encantado!!!! 👏👏👏👏