Un aroma, un sabor o un momento es todo lo que necesitamos para activar un recuerdo. Y, a medida que pasa el tiempo, nuestra imagen del pasado va mejorando. Como un buen vino. En vez de avinagrarse, con los años nuestra percepción se vuelve más positiva, afianzando lo bueno y desligándose de lo malo. Por eso repetimos errores. Por eso volvemos a tropezar en el mismo sitio.

Me río al ver unos cuadernos de Vacaciones Santillana y sentir nostalgia. ¿Qué pensaría el niño que fui si supiese que llegaría a experimentar anhelo por algo que detestaba? No debería sorprenderle demasiado. Por aquel entonces ya había comprobado lo que eran los cambios de opinión.

Por ejemplo, me encantaban —al igual que a todos los que pertenecen a mi generación— las mañanas de Megatrix en verano. Uno podía quedarse allí casi toda una jornada enganchado a la programación juvenil de la televisión. Ahora bien, tras la euforia inicial, aquello también podía convertirse en un tormento. Pasados unos días, el mismo plan se me antojaba aburrido. Deseaba estar fuera, hacer actividades físicas, pero las cortas vacaciones de mis padres dificultaban esas escapadas durante todo el verano.

De este modo, me encantaban las mañanas de Megatrix cuando se acercaban, no cuando las vivía. Y, por la misma regla de tres, no es que eche de menos los cuadernos de deberes en vacaciones, sino que existieran vacaciones de más de dos meses.

No añoramos la verdad; añoramos la representación que hacemos de ella con el paso del tiempo. Estoy convencido de que, si volviésemos al pasado, reviviríamos las mismas emociones. Todas, incluidas las malas.

Con el agradable olor a crema solar y los buenos recuerdos que me trae, comienzo hoy mis vacaciones de verano. Pretendo acordarme de la reflexión que derramo en estas líneas, con el objetivo de saborear cada instante. Porque, visto lo visto, de la percepción no se puede uno fiar demasiado. Que mi filtro sesgado no se deje engañar por recuerdos adulterados y me permita comprender que lo realmente importante es el ahora.

Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
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One response

  1. Muy buena reflexión, el pasado ya no importa, no podemos cambiarlo. El futuro…no sabemos si vendrá. Lo único cierto es el instante presente.¡ Vivámoslo!, ¡disfrutémoslo como se merece! como si este instante presente fuera toda nuestra vida.

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