No recuerdo haberme dado tantas duchas en un solo día. Debe de ser un récord personal. Al menos en una ciudad sin costa ni playa. El calor sofocante de Roma a finales de julio es un padecimiento común en cualquier región mediterránea. Como buen madrileño, debería estar preparado, pero no acostumbro a ser turista en mi propia tierra.
«La vida del turista es muy dura», me dice mi madre por teléfono. Qué razón tiene, aunque mis planes para este viaje quedaban muy lejos de eso. Menudo insensato. Como si pasear bajo un sol abrasador, visitar monumentos, beber cafés y spritz en terrazas no encajase con el estilo de vida de un viajero. En definitiva, pasar todo el día fuera, en las calles de Roma.
Vine con la duda de si sería fácil estar solo. Solo con mis pensamientos, que en los últimos tiempos pueden dar bastante miedo. La respuesta ha sido un sí rotundo. He superado la prueba con éxito.
No quiero ocultar que también ha habido momentos en los que pensé que unos días menos en Roma habrían sido una mejor elección. Que pasar tantos días sin la compañía de amigos o seres queridos podría convertirse en una carga. Soy consciente de que disfruto de mi soledad elegida, pero también de la energía que insufla un compañero de viaje. No imaginaba encontrar placer en delegar, de vez en cuando, decisiones surgidas de preguntas tan simples como: ¿comemos aquí o allí? ¿Es mejor este plan o el otro? Hay cosas que hay que vivir para creerlas.
Uno intenta no hacerse trampas en su propio juego. Acudí a una ciudad que amo, llena de historia, arte y personajes fascinantes, para enfrentarme a mi soledad. Me lo puse fácil. Hubo, en realidad, pocos momentos de inactividad, que son el caldo de cultivo perfecto para los pensamientos intrusivos. Y en ellos logré demostrarme lo bien que estoy —no las tenía todas conmigo—.
Anduve, leí, visité, bebí, comí y escribí hasta reventar. ¿Qué más se le puede pedir a una ciudad que no sabe vivir de otra forma que no sea con pasión?
Alejandro Álvarez Villalón
Autor de Los Oportunistas
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One response
Enhorabuena!!!! Por tu viaje, por tus reacciones, por tu éxito absoluto.
Enhorabuena y suscribo cada palabra.
Es importante estar con uno mismo, quererse, aceptarse y sentirse cómodo en esa relación, aunque comparto contigo lo maravilloso que también es compartir con alguien algunos de esos momentos mágicos.